Vivimos en un mundo donde la tecnología nos interrumpe, mensajea, llama y recuerda lo que no hicimos. Emails, SMS, recordatorios, tuits, chats, whatsapps, tienen su correlato auditivo en todos y cada uno de los dispositivos. El transcurrir interrumpido. Fluir por esta urbanidad catódica, publicitaria y tecnológicamente programada para interrumpir uno de los derechos esenciales que por pura urbanidad hemos olvidado: El silencio.

Tengo derecho a estar en silencio y que ninguna llamada interrumpa mi tranquilidad.

Poder desaparecer sin dejar rastro ni ser encontrado, rastreado o geolocalizado.

Caminar por las calles sin bocinas, ni publicidad…

De aquí en más, abro este espacio para que completemos juntos, este manifiesto. No para manifestar, sino para recordar. Recordar los períodos de silencio y concentración, de ensimismamiento, de abstracción o de pura contemplación. Incluso antes de que el ruido nos interrumpiera el ser y el estar.

Irónico y contradictorio puede resultar componer este manifiesto a través de una red social: aún así los invito a que completen, conmigo, un manifiesto dedicado a nosotros mismos, una vez que la tecnología y la ciudad, se hayan acallado.

Espero sus comentarios, o sus deseos de silencio para concluir este manifiesto, debajo.

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