Los bloggers, el periodismo y la venta de humo
Siete y treinta de la mañana de un jueves tranquilo en Córdoba. Busco el diario, pongo la pava y mientras preparo el mate enciendo la radio y conecto la notebook.
Diez, no, veinte segundos después, apago la radio, refunfuñando. Maldiciendo, en realidad.
El periodista hablaba ya con su habitual tono de acidez y malhumor, diciendo algo como “Porque si a un vecino le cortan el agua, alguien tiene que venir y solucionarlo, si hay baches, ¿Dónde esta la municipalidad?, ¿Dónde estan los impuestos que todos pagamos? etc, etc…
Creo haberlo escuchado los suficientes años como para darme cuenta de dos cosas: Sus intenciones en el fondo parecen ser buenas. Quizás lo sean. Y otra más: Cada comentario de un oyente, cada noticia es una excusa para editorializar. Y la editorialización constante, el pseudo “reclamo vecinal” que asumen muchas veces los periodistas sólo se traduce en falta de objetividad y en un comentario personal revestido por el medio en el que trabajan.
En un periódico español, escriben “[...] Todo medio de comunicación tiene derecho a tener una línea editorial, pero no a editorializar cada noticia porque a la larga va a restar credibilidad.”
Volviendo al inicio, me quedé pensando cual era la diferencia entre este periodista (éste periodista al que aludo es para mí el representante de muchos otros a los cuales no escucho por las mismas razones) y un blogger.
¿Cuál es la diferencia entre una persona que escribe sus impresiones diarias sobre (supongamos) lo que ocurre en esta ciudad y este periodista reclamando “en nombre de los vecinos”? Ambos dos casos tienen en común lo subjetivo de la visión propia expuesta a un limitado número de personas con una influencia menor (el blogger) y la propia visión y el propio sentido de lo “que hay que hablar” (agenda que le llaman) en un estilo editorialista y personal (el periodista al que hago alusión).
Al menos un blogger es, casi por definición, “personal” pero un periodista (sin caer en la simplificación de la “objetividad pura”) debiera al menos ser claro y exponer cuando editorializa. Decirlo.-.. claramente. “En mi opinión” o “Creo que” “pienso que” y no “Los vecinos” “El intendente debe” o “el gobierno del Señor XX es tal y cual cosa”. Eso es opinión. En una columna de opinón (que metáfora tan graciosa, verdad? Columna de opinión… ¿Qué sostienen esas columnas?, en fin…) decía, en una columna de opinión al menos la intencionalidad de el análisis no solo es manifiesto sino el “meollo” de la misma.
En un informativo radial, debiera dejarse.. para los columnistas. Sé que es un tema que exige mayor profundidad y no espero acabarlo con este post, sino comenzar…
Ricardo Galli, con su polémico estilo, le llamaría “vendedor de humo”, y cito: “Cuando la única intención e alguien es cautivar con el humo, decimos que es un… vendedor de humos. [...] Lo malo es cuando alguien se dedica sólo a encender fuegos destructivos. [...] les llamaría Pirómanos 2.0.”
Así, aquel que en nombre “del pueblo” “de los vecinos” “de la ciudad” se erige en comentarista y analista, sin percibir lo tendencioso de sus actos, la falta de ecuanimidad y el “bias” o tendencioso de su hacer termina no haciendo periodismo sino comentarios personales.
Y para comentarios personales, prefiero a varios de los bloggers a los que disfruto leyendo.
Actualización: (gracias @mauro por el apunte) Hace unos días, hablábamos sobre ¿Qué es ser blogger? discutiendo sobre el rol de los bloggers. Léanlo si les parece interesante.
Actualización (15-12-08). Enrique Dans hace un interesante apunte sobre el rol de los periódicos y los periodistas. Los roles se están moviendo (algo de eso hablamos hoy en un curso que coordino) y el rol tradicional ya no puede pensarse como antes. El mismo es en relación de la noticia publicada sobre google y la neutralidad en la red. Cito el artículo (el cual es Creative Commons, igual que este blog, así que permiso para citar concedido):
“Mathew Ingram se descarga a gusto contra el Wall Street Journal en GigaOM a cuenta de su reciente artículo sobre Google y la neutralidad de la red, en “How the WSJ Failed the Web 2.0 Test”: que no actualizó la noticia cuando a las pocas horas aparecieron nuevos elementos fundamentales en ella como la respuesta de la propia Google o de Lawrence Lessig, mencionado en el artículo, ni tampoco comentarios de ningún tipo o alguna posibilidad de entrar en la conversación.
Al recriminar este tipo de cuestiones al diario, Mathew apunta con el dedo un aspecto interesantísimo: ¿puede un periódico, por el hecho de provenir del mundo del árbol muerto en el que se imprimen las noticias de ayer, eludir sus responsabilidades cuando su actividad se traspasa al mundo online? ¿Debe un periódico, en pleno siglo XXI, ser una simple transposición a la red de lo que sus redactores escriben en el papel, sin ningún tipo de beneficio derivado del hecho de pasar a estar en un medio infinitamente más rico?
Aparte, en el mejor de los casos, de permitir los comentarios de los lectores - algo que no les cuesta de manera efectiva casi nada - ¿no deberían los periódicos comportarse como otros medios en Internet, que añaden a su responsabilidad para con los lectores las tareas de actualizar sus entradas, corregirlas y puntualizarlas cuando han sido incorrectas, o poner atención a sus comentarios por si en estos se suscitan cuestiones de interés? Salvo muy honrosas excepciones, la gran mayoría de los periódicos online se dedican a repetir en la red el negocio que conocían en el papel, donde lo que publicaban era como si hubiese sido escrito no en papel, sino en piedra: ya no podía modificarse. La red no es así. La red admite la ampliación de noticias, la inclusión posterior de vínculos de interés que la complementen, el añadido de las reacciones que ha provocado, las correcciones, etc. ¿Cuántos periódicos realmente proporcionan algo así, que resultaría perfectamente natural si hubiesen aprendido en Internet, en lugar de en un medio inferior en posibilidades? Las reclamaciones que el artículo de GigaOM ponen de manifiesto aplicadas a un gran medio como el WSJ pintan a la mayoría de los periódicos como auténticos “discapacitados” en Internet: solo saben hacer las cosas de una manera, sota, caballo y rey. Escriben y abandonan lo escrito, como si al día siguiente solo sirviese para envolver el pescado, olvidando que en Internet, lo escrito no se arruga y se tira, sino que indexa y permanece. Y por supuesto, palidecen cuando se enfrentan a otros medios que sí saben aprovechar las posibilidades de la red.
Cuando pasan ya más de doce años desde que los primeros periódicos se aventuraron en la red, algunos van a tener que repensarse lo que hacen en ella. El periodismo en la red es, debe ser diferente, y debe conllevar otras responsabilidades que se proyectan más allá de haber firmado y entregado la noticia. Para hacer lo mismo que hacíamos en el papel, no está nada claro que merezca la pena. Para ese viaje, no hacían falta alforjas.”