Estoy leyendo la última revista Noticias una nota sobre el secretario de comercio, el “Sr.” Moreno.
Le habría dicho a un importante empresario bonaerense: que o no se suma al paro del agro “o es boleta” y que “sabe donde vive su mujer y donde van a la escuela sus hijas”.

No pude sobreponerme a la sensación (manejaba hacia el estudio, en una mañana fria) de que la política argentina se está convirtiendo en un campo de prepotencia y extorsión, de personajes sin modales democráticos y donde se está tratando de imponer por sobre el dialogar y donde comienza a haber una “mano dura” en todos los ámbitos que se comienza a sentir.

El impresentable mamarracho del INDEC, los dichos de la presidenta frente al paro del agro, los modales del impresentable Moreno, los piqueteros pegando a los manifestantes, el representante del agro amenazando tener armas, la inflación reinante, y por sobre todo, este clima que impera en el que estamos haciendo oídos sordos a una verdad creciente en nuestro país: las cosas no van bien, ni la economía, ni la democracia.

Creemos vivir una era diferente de la menemista, y solo en algunos ámbitos (la lucha finalmente comenzada por los derechos humanos) se está dando. El resto, es aún peor que la era del riojano: 201 decretos de necesidad y urgencia firmó Kirchner, más que el infame ex-presidente.

Me pregunto que pasa, porque no reaccionamos, ¿Estamos dulcemente esperando el fin? ¿Otro 2001?
¿Tenemos amor al cacerolazo? ¿O podemos pararnos a dialogar y pensar el país y su política sin “llegar a las manos”? ¿Se puede dialogar, construir? ¿O hay que esperar a que todo se pudra para volver a las calles y repetir el versito de que “se vayan todos”? ¿No podemos, por una vez, aprender de lo vivido para preveer las consecuencias de este desorden institucional y democrático que estamos viviendo?

El rey está desnudo, hace ya un par de años.
¿Que necesitaremos para repetirlo en voz alta?

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