¿Soy yo o esto ya lo viví?

¿Cuándo fué? Diez años, quince atrás?
¿Ocho, siete?

Cuesta a veces concentrarse en el discurrir cotidiano cuando uno ve las chanchadas que hacen, políticos y una parte de quienes manifestando confunden la bronca con el desprecio absoluto por el otro y por la ciudad en la que viven.

Es que no se puede analizar una cosa sin la otra…
¿Fué el huevo o la gallina? ¿Quién empezó esta obra antológica que sigue representándose una y otra vez?
¿Es estúpido preguntarse esto? ¿Tiene sentido?

¿Porqué se debe aceptar una ley que contraviene explícitamente la Constitución Argentina, -es decir, una ley ilegal- que lesiona los derechos adquiridos de todos los ciudadanos?

¿Debemos fingir que no nos damos cuenta? ¿Otra vez?
¿Es acaso difícil comenzar a transitar esto que se va vislumbrando como una pubertad democrática con una cierta conciencia del “yo” institucional, para poder seguir creciendo en derechos -comunes-?

Y a su vez…

¿Debemos aceptar una vez más que el espacio en el que vivimos -no sólo donde dormimos, sino donde respiramos y nos comunicamos, socializamos con nuestros pares- sea avasallado por una ola de delincuentes que tratando de mostrar una violencia -también vieja, tan humana, lamentablemente- poderosa, otra vez más?

Creo que no y los últimos conflictos venían demostrando que puede haber otra forma de encarar el conflicto. La violencia (la del decreto, la del comercio saqueado) genera más violencia, que se mostrará con más heridos o con más decretos.

Tenemos que encontrar la manera de empezar a discutir sin bombas de estruendo, sin ilegalidades, sin tergiversar normas y sin saltarse los pasos que llevan a entenderse: actuar honestamente, sentarse a negociar y llegar a un acuerdo favorable para ambas partes.

¿Cuánto falta para eso?

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