En la mediterránea región de Canaán, donde hoy se levantan Israel, Siria y Líbano, los fenicios supieron aprovechar sus costas, bosques y conocimientos marítimos para comerciar y ser recordados aún hoy como los grandes mercaderes de la antigüedad.

Los modernos comerciantes ya no construyen barcos, sino que por pocos dólares compran plataformas en la nube o instalan su propio software donde cargan sus productos y los ofrecen a mercados locales, nacionales o al mundo entero.

La deslocalización comercial devenida del acceso directo, ageográfico y permanente a Internet, ha permitido que pequeños emprendedores y PyMES, con espíritu innovador, hayan comenzado a transitar la ruta invisible que separa a sus bienes de quienes desean comprarlos.

Los puertos están listos y los barcos se acaban de construir.
¡A navegar por los datos!

Datos

Según un estudio de la Cámara Argentina de Comercio Electrónico (CACE), en Argentina, en 2011, hubo una facturación de $11,500 millones. Aún de extraordinaria como suene la cifra, representa sólo 3,3% del total de lo transaccionado. Poco, aunque a la vez es casi 50% más que el año anterior. A su vez, un 27% de pequeñas y medianas empresas y 33% de las grandes ya están realizando operaciones en Internet.

Además,  impulsados por el negocio de las “cuponeras” (Groupon, Clickon, Pez urbano o Club Cupón entre otras) 9 millones de personas hicieron su primera compra durante el 2011. Ese número representa un La compra por impulso de productos y servicios con descuentos mayores al 50% ha bajado la barrera de acceso hacia la compra online, y han hecho esfumar el miedo al fraude que durante casi una década azotó a los argentinos: Ya un 65% prefiere el pago en línea por sobre el “offline”.

Las plataformas y compras

A nivel mundial, Amazon lidera la venta en términos de facturación, clientes y productos vendidos. La principal plataforma transaccional de la región latinoamericana es MercadoLibre, donde aproximadamente 50.000 pequeños comerciantes/particulares desarrollan actividades comerciales digitales que les proporcionan su sustento, empleando a un promedio de 3 personas. A la hora de encarar un negocio que no dependa de terceros, aquellos más aventurados optan por plataformas como WordPress (para negocios muy pequeños), Prestashop / Opencart (para comercios pequeños y medianos) o Magento (para grandes tiendas), aunque estos softwares necesitan de instalación y configuración, así como un equipo de soporte técnico propio. También existen plataformas que ofrecen la posibilidad de utilizar el software de un tercero como un servicio (denominado en inglés SAAS), sin requerir de instalación previa ni descarga, pagando un pequeño monto por mes, el cual suele aumentar según a la cantidad de productos ofrecidos o a las opciones de pago. O puramente sociales, como Palbin, que permite crear una tienda en la red social Facebook y vender desde allí. A diferencia de los antiguos mercaderes, los nuevos comerciantes hacen de la tecnología informática el principal principal sostén, aunque fuera del gigante argentino, son los viajes y el turismo los de mayor facturación:

  • Pasajes y turismo: $1.700 millones
  • Equipos y accesorios de electrónica, TI y telefonía: $900 millones
  • Alimentos y bebidas y artículos de limpieza: $570 millones
  • Compras por celular: $550 millones
  • Electrodomésticos: $300 millones
  • Artículos para el hogar: $220 millones

Los desafíos

Aún quedan muchas cuestiones pendientes para desarrollar, como plataformas de pago más accesibles (las actuales conllevan muchos trámites y a menos que se utilicen soluciones como MercadoPago o DineroMail que lo simplifican, cada vendedor debe cerrar un acuerdo con cada tarjeta), una mayor formación en la atención al cliente por medios digitales, y un factor que en nuestro país genera la mayor cantidad de críticas, la logística y distribución. Aunque ya varias empresas del sector están en el tema, aún queda mucho camino por recorrer.

Y como los primeros fenicios, los emprendedores argentinos se encuentran en la cruzada de enfrentar la incertidumbre de recorrer un camino, con la sola voluntad de llevar sus mercancías más allá de los mares, emprendiendo el camino de la virtualidad.

 

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