Es el fin de la ingenuidad.
Hemos entrado en una nueva era.

Los proyectos de ley  SOPA y PIPA en EEUU,  la Ley Hadopi en Francia, Ley Sinde en España, la Ley Doring en México y la Ley Pinedo en Argentina son el epicentro de las primeras batallas por el control de las comunicaciones en Internet.

La Ley SOPA, una ley impulsada por el representante estadounidense Lamar Smith (y que luego de las protestas de los usuarios, desestimada hasta nuevo aviso) con el objetivo de detener la “piratería” en internet, así como “defender los derechos de los autores”,  es una ley que establece distintas medidas punitorias para quienes la incumplan.
Entre estas medidas, dar de baja cualquier sitio que contuviera dentro de si (en sus textos o en un comentario dejado por un lector) el enlace a un material “ilegal”. O hasta 5 años de cárcel para quienes compartan contenido con derechos de autor.

Si bien este proyecto de ley pareciera resolver un gran problema, en realidad lo están creando, al –solazadamente- permitir la censura de prácticamente cualquier sitio web: Simplemente bastaría con agregar un par de comentarios en un sitio web para que este se convierta en “partícipe necesario” de la supuesta infracción.  La Internet entera está en riesgo, y es por eso que compañías de peso como Google, Facebook, Twitter o Microsoft se han opuesto al proyecto.

Es importante destacar que con estas leyes se ataca directamente a dos bases fundacionales de la red: Los enlaces (links) y por otro lado, el anonimato.
Se nos hace culpables de querer compartir lo que disfrutamos, aunque las cifras de la industria demuestren que la piratería impulsa el consumo, y por ende la venta de entradas y música sigue creciendo.

También, de querer desvanecernos en lo digital: Que nuestras conversaciones no queden registradas ni sean espiadas. Somos, contraviniendo el sentido común y la legislación internacional, culpables a priori por utilizar redes como Tor, que permiten “esconder” nuestra identidad y así saltear a regímenes dictatoriales (como ha ocurrido en China, Libia o Egipto) o bien, navegar sin dejar rastro.

Algunos meses atrás, un proyecto presentado por el senador Pichetto en nuestro país: el “canon digital”, pretendía más o menos lo mismo: Hacernos pagar a priori por música o películas que –ellos decían- íbamos a piratear en esos CD´s y DVD´s.

Pero además, estas leyes pecan de una ingenuidad inconmensurable: Por estos días, todos estos archivos ya están nuevamente disponibles para su descarga a través de las redes P2P (como Emule o BitTorrent) u otras webs como Dropbox o Rapidshare.  No detendrá realmente la manera en que los usuarios comparten archivos.

A diferencia de lo que afirman quienes impulsan estas leyes, no son los artistas los beneficiados por estas leyes. Quien si se beneficia con estas medidas es la industria de la distribución, la cual ve en Internet y a los usuarios a un enemigo mortal. A cualquier costo.

Para que nuestra sociedad siga avanzando, es necesario que la legislación se adapte a los nuevos paradigmas de uso y de consumo de productos culturales, permitiendo la libre circulación a la vez que protegiendo los derechos verdaderos de los artistas, sin por ello amenazar con censurar a la Internet entera como la conocemos hoy.

Es el fin de la inocencia: La policía del copyright ha comenzado la primera batalla por el control del espacio público digital.

…….

Este artículo fue publicado en la edición impresa de La Mañana de Córdoba, el 2 de Febrero de 2012.

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Showing 2 comments
  • Mauro Protti
    Responder

    Hola! Estoy de acuerdo con el modo y el contenido de este artículo. Debo confesar que al principio, la ley SOPA la compredí como una ley que regulaba sólo a los mega-distribuidores de contenido digitales, que hacía grandes negocios aprovechandosé de los derechos de propiedad intelectual de otros. Realmente no comprendí la real dimensión del asunto, y más aún, como directamente nos afecta a los usuarios standard.
    Los conceptos fundacionales de la internet son los mismos de siempre y se han potenciado con la web 2.0: interactividad, inteligencia colectiva, multitudes inteligentes, colaborativismo, arquitectura de la participación, etc.
    Me resulta imposible no hacer una retrospección y ponerlo en palabras simples para que todos lo comprendan: si mis profesores recurrieron a libros para encontrar la información, si mi generación recurrió a las fotocopias, y ahora los jóvenes recuren a la Internet, es la resultante de un sostenido y continuo desarrollo de las telecomunicaciones que ha fomentado el conocimiento global, una conciencia global; de manera que todos nosotros como comunidad global podemos reunirnos, comunicarnos y crecer juntos. Estas son las premisas de la cybercultura de los 90´s, que hemos construido a través de la permanencia o la no-permanencia en el ciberespacio. Hoy, el limitar, el truncar, el imposibilitar el acceso, nos hace retroceder muchos casilleros como sociedad evolucionada.
    Mi reflexión sostiene que no nos sirve quedarnos en la sociedad de la información, ya que si a esa información no la transformamos en conocimiento, y ese conocimiento en valor y en CULTURA, es absolutamente insuficiente.

    Saludos!

    Mauro Protti

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