Las escuelas matan la creatividad a partir de un sistema diseñado para auto erigirse como válido en términos de validación de conocimiento, conocimiento el cual se desarrolla en papers y títulos académicos. La creatividad y el arte son siempre el “último orejón del tarro”. Sir Ken Robinson, en una charla que tiene algunos años, pero perfectamente válida, hace que nos cuestionemos el orden y las prioridades dentro de nuestro sistema educativo. Excepcional.

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